El objeto lumínico es el objeto-nunca-habitado de materia, sólo un soplo de luz, que lo atraviesa desde siempre. Hay en el espacio sideral un lugar para el Sol, quizás el primer objeto lumínico por excelencia, en el cual se dispone la luz a habitar como ente y a expandir su ser a ese mismo espacio ilimitado. Dinámica de energía metafísicamente inagotable que une transversalmente el problema del tiempo y el espacio en una encrucijada exquisita.
Por un lado el encuentro con la imposibilidad de encontrar un límite, y por ende la capacidad de caracterización de acuerdo a parámetros conocidos,
En segundo lugar, son objetos “intocables” son luces “calientes” repelen, expulsan luz y también calor.
Entonces un adentro sin posibilidad de ser y un afuera sin limites e intocable.
Nuevamente un objeto que circula entre el espacio y el lugar, entre lo ilimitado y la esquina, entre el aire y la forma.
La imposibilidad de ser tocado y la imposibilidad de ser visto. La relación con sensaciones y colores no dejaron de ser expresiones miméticas, encuentros metáforicos con la imposibilidad, búsqueda de una lírica ante la ausencia, ciertas reminiscencias con Kandinsky y Schöenberg
Esta línea entre espacio y lugar, entre no límite y calor, entre luz y forma se mantendrá entonces siempre latente, siempre tensa.
Entonces podemos crear gradaciones en orden a “cercanías” tanto al extremo del espacio o al extremo del lugar, y lo mismo con el tiempo, “cercanias” con la duración ilimitada o con el instante, el segundo en el que se halla encendida.
Una epistemología novedosa basada en el movimiento de las características y valores del tiempo.
En algo se parece al teatro?