Apuntes sobre obra lumínica 6

15 10 2008

El objeto lumínico es entonces, un producto del entorno indiferenciado que se cierra y se limita a una partícula de luz. Si analizamos a los textos clásicos encontramos exactamente el camino inverso. La luz creadora inmaterial, única en si misma que por “desborde” crea la Inteligencia, hasta encontrarse con lo sólido como última materia. Lo sólido como materia oscura “que no puede crear otra cosa”. Esta lectura del Timeo de Platón nos ofrece una hermosa metáfora del origen. De la luz a las cosas.

Hoy la luz no es metáfora de origen sino, platónicamente hablando, la forma. Superficie de las cosas y los elementos, capa separada de los fondos, la luz sin limite, luz que se acomoda sobre el arco hostil negro de una materia indiferenciada.

Ambas cosmogonías nos enfrentan en primer lugar a reconstruir el concepto de experiencia. Una experiencia con sujeto ilustre, otra con sujeto ausente. Nuestra mirada no deja de ser una de esos jalones del origen.

En segundo lugar al problema de los origenes que nos enfrentan no solo a la electricidad, quizás una posible técnica del origen, sino a una epistemología del aclarar, quizás una forma mas compleja de acercarnos a los objetos fuera de todo edificio semiotico y sus derivadas.

Situados en el medio de una linea que une los puntos del Tiempo, no sabemos hablar del mismo, circulamos por el tiempo espacializado, la luz marcandonos en el ahora su lamento sin forma.

Concluyendo este apartado:

Todo pensamiento sobre la luz es un pensamiento sobre el origen, la forma de las formas, la estructura nunca acordada. Un espacio-luz para crear.

Hablar de luz es crear.

Gonzalo Cordova