Alegoría en La Carbonera: un punto de partida.

6 11 2009

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Hace un año, aproximadamente, leí tus “Apuntes sobre obra lumínica” publicados en Ydeologiavisual. (Nota de la  editora: se refiere a los apuntes de Gonzalo Cordova, los mismos también se encuentran publicados al comienzo del historial del Blog como “Apuntes sobre los objetos lumínicos”)

Lamentablemente no pude asistir a esa muestra, apreciar –dejarme impresionar por- el material y cotejarlo con tus hipótesis, elaboraciones, conclusiones y preguntas.

Pero en éste año no lo dejé pasar y volví a recorrer las instalaciones de La Carbonera.

Este espacio resulta -como en la “caverna alegórica”- el receptáculo oscuro donde destellan “pequeños fueguitos” dispuestos a dejarnos mirar por el OJO de su cerradura y

cuyo resplandor nos brinda la posibilidad de mostranos un mundo. Muchos mundos.

Desconozco el motivo pero esto último me remite a la añeja teoría del “ojo como emisor

de luz sobre los objetos, dándoles existencia”. Puede haber una lógica en relacionar a ESE ojo humano (y divino) como el de una cerradura que resplandece en la oscuridad (¿Allí se encontraba parado aquel hombre teórico?) e invita a descubrir SU mundo (¿interior?) oculto.

El hombre aparece como una puerta, un enigma, como promesa, posibilidad, como receptáculo de luz.

La luz que resplandece en un oscuro: La luz que existe y que llama. “Llama”.

¿Pero, qué ocurre con la luz que resplandece en un espacio luminoso? Puede que no llame, pero existe. También puede que no exista, pero llame. Probablemente volveríamos a la “Caverna inicial” pero esta vez luminosa. Y sea la NO-LUZ lo que llame.

Sobre los Apuntes:

Muchos de los objetos allí expuestos pueden enmarcarse dentro de los cinco interrogantes mencionados en “Objeto lumínico 1” (Apunte subido a Ydeologíavisual). También parecen acercarse en distinto grado: a veces de un modo puntual y concreto, otras en la sumatoria de varios y, en otras, como híbridos entre los cuestionamientos.

  • Objeto lumínico como emisor y/o receptor de luz.
  • Lámpara como óleo o mármol.
  • El valor del entorno dentro de una obra lumínica.
  • Proporción cuantificable entre la luz virtual y el material físico que las contiene (Las obras colocadas en la antípodas resuenan llamativamente familiares a las descriptas como: “Lágrimas de luz” -para las del primer caso- y “Continuo de líneas disueltas sobre un fondo blanco” –para las del segundo-).
  • Proporción cuantificable de reflejo que permita identificar a una obra no autoluminiscente como “lumínica”. “Los ojos del espectador” (como “unidad de medida”).

“¿El objeto lumínico en sí es un objeto que recibe luz y/o emite luz?”

Los objetos dispuestos toman formas disímiles como sus mundos planteados: flores luminosas que encienden campos sensoriales: vista, oído y olfato, a través de un “ojo de cerradura” concreta; un cubículo que intenta con el tacto en la luz, al ingresar la mano; construcciones de sombras de objetos que se forman con las de otros insertos en una superficie (La sombra le corresponde a los objetos pero no siempre así a su forma.

¿La luz “modifica” a los objetos -también- porque modifica su sombra?); el paralelo entre lámparas quemadas con víctimas civiles -niños- ocurridos en conflictos en la Franja de Gaza; entre otros universos.

Volviendo al “mito” de la Caverna, también pareció remitirlo la obra cuyo lienzo interceptaba cuatro haces de luces dispuestos de un mismo lado en línea paralela. Entre ambos flancos, distintos objetos (muñecos, “escondidos” -junto con las luminarias y el secuenciador- a la vista del espectador. Como en un nuevo intento de engaño..) parecían danzar -según las sombras proyectadas- al unísono de la secuencia de encendido/apagado que cada una de esas luminarias brindaba en tiempo y forma.

Desnudez:

Por un lado, una lámpara incandescente emerge “despojada” (¿Se necesitaba algo más?) a un metro y medio del suelo. Disminuye y aumenta su intensidad en una secuencia continua que podría trazar una línea ondulante y perfecta sobre un eje de tiempo.

Por momentos se transforma en el centro de un sistema donde orbitan los rostros iluminados e intrigados de algunos espectadores que procuran desenredar con la mirada el complejo entramado de líneas rojizas. Como si el sol, por un breve lapso, tuviese la amabilidad de disminuir su intensidad y nos deje hurgar en su núcleo, en su intimidad.

La chispa adecuada:

Alejadas de aquella, varias lámparas incandescentes parecen descansar apagadas, inertes, agrupadas, superpuestas. Una de las lámparas se evidencia encendida bajo los escombros de las “de su  misma especie”. El sutil destello disminuye la angustia y revierte la escena. La esperanza en un marco de desolación (¿Acaso sería posible el sentimiento de angustia cuando la obra lumínica incandescente antes mencionada reducía su intensidad? En caso afirmativo: ¿provendría de un mismo origen? ¿Y en el resto de las obras expuestas?).

Pero también esas lámparas sin luz parecen ocultar parte de aquel brillo como intentando cubrir la intimidad de la encendida (¿Es la misma desnudez que se traduce en la obra antes descripta? Acaso, ¿se expone lo mismo? Acaso, ¿se observa lo mismo?).

¿Una lucecita bajo objetos traslúcidos es capaz de ocultar tantas “dobles angustias”? ¿Cuál es la instancia en que la esperanza (ese destello) se transforma en desesperanza (presencia de ese “marco” agotado)? Si combináramos las dos obras incandescentes y fuera aquella misma luz que aumenta y disminuye su intensidad la que descansa o se desploma bajo los escombros, ¿podríamos determinar ese punto?

Lágrimas de luz:

A lo lejos, del cielo de la bóveda “penden” líneas de luz -como llamativas estalactitas- en posición vertical y paralelas entre sí. Tubos fluorescentes azules rodean simétricamente a uno fuxia dispuesto como eje central. En su parte inferior todos parecen no completar el circuito que produce eléctricamente su encendido.

Acercándonos a la obra: Una estructura colgante oscura posee un grupo de bocas con luz. Desde cada una de ellas se prolonga un tubo fluorescente pintado que se “enciende”, creando el universo anteriormente descripto.

Así, cada lámpara adquiere un “valor de” pantalla de vidrio o material refractante que -también- promueve la luz. Como si en una lámpara incandescente se intenta “desprender” la bombilla o bulbo del filamento encendido en busca de una situación similar a la producida durante su unión, al menos desde su aspecto externo. Algo distinto ocurre en lo que se produce y se observa. Las lágrimas son las que proporcionan luz. La lámpara colgante “se enciende” dando origen a su existencia colorida y vibrante.

Continuo de líneas disueltas sobre un fondo blanco:

Una caja rectangular se dispone sobre una superficie de papel con escritos húmedos, donde una frase aparece, se esconde y vuelve a empezar.

Dicho cubículo se encuentra iluminado por dentro, y solo una de sus caras -la perpendicular al texto y frontal de la obra- posee una superficie traslúcida y blanca donde se proyectan las sombras de una textura que se explaya en su interior.

Las formas ondulantes parecen esfumarse en un continuo con el escrito. Producen confusión, se mimetizan. Y las palabras se proyectan en líneas disueltas sobre un fondo blanco, pero esta vez luminoso. La luz interior se comunica con el afuera en el lado oscuro, a través de una palanca que nos posibilita su desplazamiento dentro de la caja emisora. De este modo, el movimiento se afianza. El “tiempo” se hace presente (o mejor dicho el “presente” se hace tiempo) acercándonos y/o alejándonos de esa ilusión. La “espera silenciosa” de la que hace mención también se disuelve y se hace soportable, dinámica, creativa.

El punto más preciso de luz; El lugar más oscuro:

Un vapor emergente desnuda en oleajes la ruta que une ese punto de luz en el cenit y el círculo impactado en una superficie inferior poco distante: una rejilla por donde sale una pequeña bruma de “inframundo”. Un cono -por momentos, entero o en pedazos- toma forma, como un holograma. Se hace presente (¿existe?) y parece volverse “objeto”. ¿Un holograma puede ser un objeto?

Como casi la totalidad de los objetos lumínicos presentados, éste posee “luz propia”; es decir, prescinde de una luminaria (“exterior” al objeto) que delate su presencia en el espacio de forma voluntaria y sin procurar un efecto “secundario” sobre ella. En el caso inmediato descripto, una luz externa podría afectar notoriamente la presencia de dicho volumen, la “existencia” de éste objeto. ¿Podemos inferir entonces como parte fundamental de éste objeto lumínico a su entorno, en este caso traducido como la oscuridad circundante “necesaria” para ser concebida? ¿Podemos imaginar a esta misma

muestra lumínica desarrollarse en un espacio luminoso -del lado de afuera del establecimiento, por ejemplo, a plena luz del día? ¿Esto es aplicable a la totalidad de las obras lumínicas expuestas en ese lugar?

Solo una se exceptúa de esta generalidad. En un solo caso el objeto requiere de una fuente externa que aluda a su presencia sin otra intención que “evidenciar el material”, generar una aproximación y una disposición del espectador -quizás propia de una obra pictórica-, para luego proponer algún contacto más cercano, mas íntimo, más detallista.

Propiedad de reflexión:

¿Una obra iluminada es una obra lumínica?

“Partitura I” es el único objeto de la muestra que no posee un artefacto lumínico en su constitución física. La única emisión es la que responde a la propiedad de reflexión de la fuente externa, orientada voluntariamente en busca de alguna visibilidad.

La luz afecta a la obra en la medida en que su presencia evidenciada nos afecte, nos refleje, nos comunique y entre en diálogo con nosotros, espectadores (en su amplia generalidad de miradas).

¿Pero ésta luz le otorga carácter lumínico a la obra? ¿Será la intención generar un mensaje cuyo eje central sea la luz en su carácter estrictamente físico y su percepción objetiva y presente? Dada su carencia lumínica física interna y su reflejo propio aunque ajeno al hecho ¿Se podrá incluir a ésta obra dentro de una concepción estrictamente “lumínica”? O dicho de otra manera, ¿en dónde reside “lo lumínico” en ésta obra?

Su paralelo con la música, con el sonido y con las ondas sonoras a través del gráfico esbozado en estos pentagramas -como un zoom hecho a la fibra de un mismo tejido, a la

estructura molecular de un mismo gen- hace que “la luz” se intercepte y vincule con “la esencia” misma del contenido de aquella superficie reflectante. Unidades de medida y tiempo traducidas en secuencias y compases, jugando con elementos propios (aunque algunos ajenos) del “mundo de la luz” resuenan como un llamado de trompetas que pueda acercarnos a un posible camino común en la extensa búsqueda de un lenguaje unificador en el arte.

Sin embargo, hoy ésta obra -si la ejecutáramos- “no suena en luz”. Quizás le falten piezas y notas para atribuirle algo de verdad a la ambiciosa posibilidad anterior.

Por lo pronto, el paralelo es contundente desde lo gráfico. Como un esquema, un boceto, una idea, la cual una “luz exterior” hace presente ante el espectador, generando un mínimo y necesario entorno luminoso, como la habitación luminosa de esa Caverna (¿Cercana a la Entrada? ¿A la Salida?) en las antípodas de aquel “punto más preciso de luz con su lugar más oscuro”, como el fragmento de una “caverna luminosa”.

Por lo último mencionado, entonces, ¿será correcto denominarla Obra “no-lumínica” o de NO-LUZ?

De cualquier manera, la OBRA LLAMA. (Ups!)

Claudio Del Bianco / 21-10-2009





Más fotos de Obra Lumínica 2009

5 11 2009




El público

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Algunas imagenes de OBRA LUMINICA 2009

9 10 2009




Obra lumínica en el FIBA 2009

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Este proyecto tiene como objetivo permitir que este grupo de artistas y técnicos que habitualmente trabaja para otro, pueda generar su propia obra, sacando al diseño lumínico del ámbito del espectáculo al que está asociado, y convertirlo así en una obra que permita preguntarse qué es una luz, qué es una obra y qué es un espacio. Con la lógica de una galería, cada espectador decide cuánto tiempo se deja interpelar por cada una de las muestran que estarán allí reunidas. Esta obra no requiere entrada previa y se puede ver a partir de las 15 h los días 6, 7 , 13 y 14 de octubre.

http://www.festivaldeteatroba.gob.ar/

FICHA TÉCNICA

BUENOS AIRES / ARGENTINA

Obra lumínica
de Salvador Aleo, Bob Barr, Luciana Bech, Ariel Cabral, Calulo, Sergio Comas, Gonzalo Córdova, Paola Costamagna, Sergio Costessich, Miguel Ángel Cubilla, Facundo Estol, León Greco, Alberto Lemme, Alejandro Le Roux, Silvia Maldini, Florencia Martínez Bengolea, Damián Monzón, Carlos Nicastro, Esteban Rocchi, Leandra Rodríguez, Bettina Sara, David Seldes, Alfredo Siares, Marcelo Soto, Pehuen Stordeur y Agustín Valle

Organizan: Teatro La Carbonera, IUNA y Proyecto OBRALUMÍNICA

Dirección Obra lumínica 2009: Alejandro Le Roux





Obra Luminica 2008

20 12 2008




obra luminica 2008. Imagen gráfica

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postal

postal-dorso1





Se viene Obra Lumínica 2

20 11 2008

Se viene una nueva muestra en diciembre, en el Teatro La Carbonera. Ya estamos pensando obra, ensayando, trabajando.

Hay nuevos participantes, nuevas obras. Otros continuamos profundizando sobre lo que ya habiamos expuesto en las muestras anteriores.

En estas ultimas reuniones estamos cerrando el catálogo y textos nuevos.

A modo de anticipo… subo unas fotos del experimento de Salvador.





Apuntes sobre obra lumínica 6

15 10 2008

El objeto lumínico es entonces, un producto del entorno indiferenciado que se cierra y se limita a una partícula de luz. Si analizamos a los textos clásicos encontramos exactamente el camino inverso. La luz creadora inmaterial, única en si misma que por “desborde” crea la Inteligencia, hasta encontrarse con lo sólido como última materia. Lo sólido como materia oscura “que no puede crear otra cosa”. Esta lectura del Timeo de Platón nos ofrece una hermosa metáfora del origen. De la luz a las cosas.

Hoy la luz no es metáfora de origen sino, platónicamente hablando, la forma. Superficie de las cosas y los elementos, capa separada de los fondos, la luz sin limite, luz que se acomoda sobre el arco hostil negro de una materia indiferenciada.

Ambas cosmogonías nos enfrentan en primer lugar a reconstruir el concepto de experiencia. Una experiencia con sujeto ilustre, otra con sujeto ausente. Nuestra mirada no deja de ser una de esos jalones del origen.

En segundo lugar al problema de los origenes que nos enfrentan no solo a la electricidad, quizás una posible técnica del origen, sino a una epistemología del aclarar, quizás una forma mas compleja de acercarnos a los objetos fuera de todo edificio semiotico y sus derivadas.

Situados en el medio de una linea que une los puntos del Tiempo, no sabemos hablar del mismo, circulamos por el tiempo espacializado, la luz marcandonos en el ahora su lamento sin forma.

Concluyendo este apartado:

Todo pensamiento sobre la luz es un pensamiento sobre el origen, la forma de las formas, la estructura nunca acordada. Un espacio-luz para crear.

Hablar de luz es crear.

Gonzalo Cordova





Apuntes sobre obra lumínica 5

16 09 2008

El objeto lumínico es el objeto-nunca-habitado de materia, sólo un soplo de luz, que lo atraviesa desde siempre. Hay en el espacio sideral un lugar para el Sol, quizás el primer objeto lumínico por excelencia, en el cual se dispone la luz a habitar como ente y a expandir su ser a ese mismo espacio ilimitado. Dinámica de energía metafísicamente inagotable que une transversalmente el problema del tiempo y el espacio en una encrucijada exquisita.

Por un lado el encuentro con la imposibilidad de encontrar un límite, y por ende la capacidad de caracterización de acuerdo a parámetros conocidos,

En segundo lugar, son objetos “intocables” son luces “calientes” repelen, expulsan luz y también calor.

Entonces un adentro sin posibilidad de ser y un afuera sin limites e intocable.

Nuevamente un objeto que circula entre el espacio y el lugar, entre lo ilimitado y la esquina, entre el aire y la forma.

La imposibilidad de ser tocado y la imposibilidad de ser visto. La relación con sensaciones y colores no dejaron de ser expresiones miméticas, encuentros metáforicos con la imposibilidad, búsqueda de una lírica ante la ausencia, ciertas reminiscencias con Kandinsky y Schöenberg

Esta línea entre espacio y lugar, entre no límite y calor, entre luz y forma se mantendrá entonces siempre latente, siempre tensa.

Entonces podemos crear gradaciones en orden a “cercanías” tanto al extremo del espacio o al extremo del lugar, y lo mismo con el tiempo, “cercanias” con la duración ilimitada o con el instante, el segundo en el que se halla encendida.

Una epistemología novedosa basada en el movimiento de las características y valores del tiempo.

En algo se parece al teatro?